lunes, 26 de noviembre de 2018

LA ASOCIACIÓN SOCIOCULTURAL DE DOMINICANOS EN GUADALAJARA ORGANIZO UNA CONFERENCIA SOBRE LA PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER























Organizado por la Asociación Sociocultural de Dominicanos en Guadalajara, España, se celebro en la Casa Nazareth el pasado domingo día 25 de noviembre,  una conferencia sobre "La prevención de la violencia contra la mujer", coincidiendo con el día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer que se celebra los 25 de noviembre.

El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer o Día Internacional de la No Violencia contra la Mujer se conmemora anualmente el 25 de noviembre para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación

Esta conferencia informó, animó, fortaleció y orientó sobre la prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas de una manera reflexiva, pero lo más sencilla posible.

La convocatoria del día internacional fue iniciada en 1981 en conmemoración a la fecha en la que fueron asesinadas, en 1960, las tres hermanas Mirabal (Patria, Minerva y María Teresa), en República Dominicana, llamadas las tres mariposas. En 1999 la jornada de reivindicación fue asumida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 54/134 el 17 de diciembre de 1999 invitando a gobiernos, organizaciones internacionales y organizaciones no gubernamentales a convocar actividades dirigidas a sensibilizar a la opinión pública sobre el problema de la violencia contra las mujeres.​

La violencia contra las mujeres se ha convertido en un problema estructural. Se dirige hacia las mujeres con el objetivo de mantener o incrementar su subordinación al género masculino.​ Su origen se encuentra en la falta de equidad en las relaciones entre hombres y mujeres en diferentes ámbitos y en la discriminación persistente hacia las mujeres.​ Se trata de un problema social presente tanto en el ámbito doméstico como en el público, en diferentes vertientes: física, sexual, psicológica, económica, cultural y otras, y afecta a las mujeres desde el nacimiento hasta las mujeres de edad avanzada. No está confinada a una cultura, región o país específico, ni tampoco a grupos específicos de mujeres en la sociedad.​

El combate contra la violencia de género tiene una importante dimensión política, según especialistas de diferentes ámbitos.​ Entre las claves para luchar contra la violencia hacia las mujeres y avanzar en la prevención, está la educación y una respuesta adecuada de la justicia que evite la impunidad.​ Alcanzar la equidad de género pasa necesariamente por «transformar las reglas sociales» y los roles que subordinan a la mujer, según la directora regional de ONU Mujeres para las Américas y el Caribe, Luiza Carvalho.

La forma más común de violencia experimentada por mujeres a nivel mundial es la violencia física infligida por una pareja íntima, lo que incluye mujeres golpeadas, obligadas a tener relaciones sexuales o víctimas de alguna otra forma de abuso. Entre las formas cotidianas de violencia contra las mujeres —denuncia la ONU— se encuentran también, entre otros, el tráfico de mujeres, la mutilación genital femenina, el asesinato por causa de la dote, el "homicidio por honor" y la violencia sexual en los conflictos.4

Hasta el 70 por ciento de las mujeres experimentan violencia en el transcurso de su vida.4​

La Asociación Sociocultural de Dominicanos en Guadalajara fue creada hace mas de dos años y realiza actividades con los dominicanos residente en Guadalajara.

Entre su fines y actividades que realiza la asociación se encuentran los siguientes, orientar y ayudar a los dominicanos residentes en Guadalajara en distintas materias: aspectos legales tales como la ley de emigración y para extranjeros. Coordinar la asistencia social en caso de enfermedades, calamidades domesticas, tanto en España como en República Dominicana. Mantener costumbres y tradiciones, organizar charlas, conferencias y fiestas. Representar a la comunidad dominicana ante la administración, poderes públicos, sociales o culturales. Visibilizar las buenas acciones de los dominicanos en la ciudad.




CELEBRACIÓN DE LA VIRGEN DEL QUINCHE PATRONA DE ECUADOR EN LA PARROQUIA DE SAN PASCUAL BAILÓN DE GUADALAJARA




Procesión hacia la Parroquia de San Pascual Bailón.

































La popular Virgen del Quinche ha recibido el cariño y el homenaje de familias ecuatorianas de Guadalajara, que han revivido antiguas tradiciones religiosas, culturales y sociales propias de su país de origen.

La romería que los feligreses realizan por estas fechas hacia el santuario de la Virgen del Quinche en Ecuador, cada 21 de noviembre, también ha tenido su réplica en España en la Parroquia de San Pascual Bailón, en Guadalajara. 

Una procesión, una misa, bailes populares, grupos folclóricos, comida y ritmos de Ecuador, son los ingredientes que se conjugan para hacer que esta fiesta sea lo más cercana a la celebración popular que cada año atrae a peregrinos de la comunidad ecuatoriana de Guadalajara a celebrar a su patrona.

Don Pedro Mozo nos recordaba la similitud de nuestra vida migratoria con la historia del mismo Jesús y la presencia de Maria y José que tienen que huir para que nazca Jesús. Ellos son una familia de desplazados, refugiados, una familia que sabe lo que es no tener una casa, ni un lugar dónde reposar....La familia ecuatoriana y de San Pascual Bailón, celebramos con entusiasmo, con alegría con hermandad la presencia de la Pequeñita, como tiernamente le llaman. Gracias hermanas y hermanos ecuatorianos, por celebrar juntos una fiesta tan importante y por dar motivo para hermanarnos.

!!!!VIVA LA VIRGEN DEL QUINCHE!!!!


"MUJERES EN LA MIRADA". LA DESIGUALDAD POR SER MUJER.













II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES Y DÉCIMO ENCUENTRO DE PASTORAL SOCIAL











El domingo 18 de noviembre es la II Jornada Mundial de los Pobres. Inspirado en ella, el sábado 17 se celebró el X Encuentro de Pastoral  Social, en Casa Nazaret. 

Objetivos de este encuentro: crear un espacio de convivencia de las personas implicadas en la Pastoral Social, para rezar y reflexionar juntas sobre nuestra acciones. Conocer y descubrir en el Mensaje del papa Francisco, lo que implica para nosotros el grito de los más pobres. Compartir desde nuestras diferentes pobrezas, encuentro, gozo y convivencia con todos los hermanos, uniéndonos en la comida compartida. 

El horario del encuentro estuvo distribuido:

 9.30-10h. Acogida y oración

10h., Ponencia Marco: “Acogiendo el grito de los pobres en el camino sinodal”. por D. Vicente Martín Muñoz

11,30h. Descanso. CAFE

12,00h Encuentros con las pobrezas. Videos testimoniales de situaciones de pobreza.

13,00 h. Oración en la Parroquia de San Pedro Apostol.

14,00-16,00h. Comida compartida. 


La jornada estaba dirigida a todas las personas implicadas en la pastoral social: sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares, personas voluntarias en las parroquias, instituciones sociales vinculadas a la Iglesia..., así como a cualquier miembro de la comunidad que desee profundizar, formarse y compartir la fe.

Celebramos por segundo año la Jornada Mundial de los Pobres que, por deseo expreso del Papa Francisco, está llamada a ser una de las grandes Jornadas de reflexión, oración y acción que la Iglesia Católica ha de celebrar cada año en su continuo afán por construir el Reino de Dios entre los hombres y manifestar su amor preferencial por los pobres.

Este año el Papa nos propone como lema de la Jornada la preciosa frase del salmo 34, 7, «Este pobre gritó y el Señor lo escuchó». Una frase que nos recuerda, en palabras del propio Francisco, que Dios siempre escucha y responde y que la respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad.1


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO

II JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario

18 de noviembre de 2018

Este pobre gritó y el Señor lo escuchó

«Este pobre gritó y el Señor lo escuchó» (Sal 34,7). Las palabras del salmista las hacemos nuestras desde el momento en el que también nosotros estamos llamados a ir al encuentro de las diversas situaciones de sufrimiento y marginación en la que viven tantos hermanos y hermanas, que habitualmente designamos con el término general de “pobres”. Quien ha escrito esas palabras no es ajeno a esta condición, sino más bien al contrario. Él ha experimentado directamente la pobreza y, sin embargo, la transforma en un canto de alabanza y de acción de gracias al Señor. Este salmo nos permite también hoy a nosotros, rodeados de tantas formas de pobreza, comprender quiénes son los verdaderos pobres, a los que estamos llamados a dirigir nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades.

Se nos dice, ante todo, que el Señor escucha a los pobres que claman a él y que es bueno con aquellos que buscan refugio en él con el corazón destrozado por la tristeza, la soledad y la exclusión. Escucha a todos los que son atropellados en su dignidad y, a pesar de ello, tienen la fuerza de alzar su mirada al cielo para recibir luz y consuelo. Escucha a aquellos que son perseguidos en nombre de una falsa justicia, oprimidos por políticas indignas de este nombre y atemorizados por la violencia; y aun así saben que Dios es su Salvador. Lo que surge de esta oración es ante todo el sentimiento de abandono y confianza en un Padre que escucha y acoge. A la luz de estas palabras podemos comprender más plenamente lo que Jesús proclamó en las bienaventuranzas: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5,3).

En virtud de esta experiencia única y, en muchos sentidos, inmerecida e imposible de describir por completo, nace el deseo de contarla a otros, en primer lugar a los que, como el salmista, son pobres, rechazados y marginados. Nadie puede sentirse excluido del amor del Padre, especialmente en un mundo que con frecuencia pone la riqueza como primer objetivo y hace que las personas se encierren en sí mismas.

El salmo describe con tres verbos la actitud del pobre y su relación con Dios. Ante todo, “gritar”. La condición de pobreza no se agota en una palabra, sino que se transforma en un grito que atraviesa los cielos y llega hasta Dios. ¿Qué expresa el grito del pobre si no es su sufrimiento y soledad, su desilusión y esperanza? Podemos preguntarnos: ¿Cómo es que este grito, que sube hasta la presencia de Dios, no consigue llegar a nuestros oídos, dejándonos indiferentes e impasibles? En una Jornada como esta, estamos llamados a hacer un serio examen de conciencia para darnos cuenta de si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres.

Lo que necesitamos es el silencio de la escucha para poder reconocer su voz. Si somos nosotros los que hablamos mucho, no lograremos escucharlos. A menudo me temo que tantas iniciativas, aun siendo meritorias y necesarias, están dirigidas más a complacernos a nosotros mismos que a acoger el clamor del pobre. En tal caso, cuando los pobres hacen sentir su voz, la reacción no es coherente, no es capaz de sintonizar con su condición. Estamos tan atrapados por una cultura que obliga a mirarse al espejo y a preocuparse excesivamente de sí mismo, que pensamos que basta con un gesto de altruismo para quedarnos satisfechos, sin tener que comprometernos directamente.

El segundo verbo es “responder”. El salmista dice que el Señor, no solo escucha el grito del pobre, sino que le responde. Su respuesta, como se muestra en toda la historia de la salvación, es una participación llena de amor en la condición del pobre. Así ocurrió cuando Abrahán manifestó a Dios su deseo de tener una descendencia, a pesar de que él y su mujer Sara, ya ancianos, no tenían hijos (cf. Gn 15,1-6). También sucedió cuando Moisés, a través del fuego de una zarza que ardía sin consumirse, recibió la revelación del nombre divino y la misión de hacer salir al pueblo de Egipto (cf. Ex 3,1-15). Y esta respuesta se confirmó a lo largo de todo el camino del pueblo por el desierto, cuando sentía el mordisco del hambre y de la sed (cf. Ex 16,1-16; 17,1-7), y cuando caían en la peor miseria, es decir, la infidelidad a la alianza y la idolatría (cf. Ex 32,1-14).

La respuesta de Dios al pobre es siempre una intervención de salvación para curar las heridas del alma y del cuerpo, para restituir justicia y para ayudar a reemprender la vida con dignidad. La respuesta de Dios es también una invitación a que todo el que cree en él obre de la misma manera, dentro de los límites humanos. La Jornada Mundial de los Pobres pretende ser una pequeña respuesta que la Iglesia entera, extendida por el mundo, dirige a los pobres de todo tipo y de cualquier lugar para que no piensen que su grito se ha perdido en el vacío. Probablemente es como una gota de agua en el desierto de la pobreza; y sin embargo puede ser un signo de cercanía para cuantos pasan necesidad, para que sientan la presencia activa de un hermano o una hermana. Lo que no necesitan los pobres es un acto de delegación, sino el compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor. La solicitud de los creyentes no puede limitarse a una forma de asistencia —que es necesaria y providencial en un primer momento—, sino que exige esa «atención amante» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 199), que honra al otro como persona y busca su bien.

El tercer verbo es “liberar”. El pobre de la Biblia vive con la certeza de que Dios interviene en su favor para restituirle la dignidad. La pobreza no es algo buscado, sino que es causada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Males tan antiguos como el hombre, pero que son siempre pecados, que afectan a tantos inocentes, produciendo consecuencias sociales dramáticas. La acción con la que el Señor libera es un acto de salvación para quienes le han manifestado su propia tristeza y angustia. Las cadenas de la pobreza se rompen gracias a la potencia de la intervención de Dios. Tantos salmos narran y celebran esta historia de salvación que se refleja en la vida personal del pobre: «[El Señor] no ha sentido desprecio ni repugnancia hacia el pobre desgraciado; no le ha escondido su rostro: cuando pidió auxilio, lo escuchó» (Sal 22,25). Poder contemplar el rostro de Dios es signo de su amistad, de su cercanía, de su salvación. Te has fijado en mi aflicción, velas por mi vida en peligro; […] me pusiste en un lugar espacioso (cf. Sal 31,8-9). Ofrecer al pobre un “lugar espacioso” equivale a liberarlo de la “red del cazador” (cf. Sal 91,3), a alejarlo de la trampa tendida en su camino, para que pueda caminar libremente y mirar la vida con ojos serenos. La salvación de Dios adopta la forma de una mano tendida hacia el pobre, que acoge, protege y hace posible experimentar la amistad que tanto necesita. A partir de esta cercanía, concreta y tangible, comienza un genuino itinerario de liberación: «Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 187).

Me conmueve saber que muchos pobres se han identificado con Bartimeo, del que habla el evangelista Marcos (cf. 10,46-52). El ciego Bartimeo «estaba sentado al borde del camino pidiendo limosna» (v. 46), y habiendo escuchado que Jesús pasaba «empezó a gritar» y a invocar al «Hijo de David» para que tuviera piedad de él (cf. v. 47). «Muchos lo increpaban para que se callara. Pero él gritaba más fuerte» (v. 48). El Hijo de Dios escuchó su grito: «“¿Qué quieres que haga por ti?”. El ciego le contestó: “Rabbunì, que recobre la vista”» (v. 51). Esta página del Evangelio hace visible lo que el salmo anunciaba como promesa. Bartimeo es un pobre que se encuentra privado de capacidades fundamentales, como son la de ver y trabajar. ¡Cuántas sendas conducen también hoy a formas de precariedad! La falta de medios básicos de subsistencia, la marginación cuando ya no se goza de la plena capacidad laboral, las diversas formas de esclavitud social, a pesar de los progresos realizados por la humanidad… Cuántos pobres están también hoy al borde del camino, como Bartimeo, buscando dar un sentido a su condición. Muchos se preguntan cómo han llegado hasta el fondo de este abismo y cómo poder salir de él. Esperan que alguien se les acerque y les diga: «Ánimo. Levántate, que te llama» (v. 49).

Por el contrario, lo que lamentablemente sucede a menudo es que se escuchan las voces del reproche y las que invitan a callar y a sufrir. Son voces destempladas, con frecuencia determinadas por una fobia hacia los pobres, a los que se les considera no solo como personas indigentes, sino también como gente portadora de inseguridad, de inestabilidad, de desorden para las rutinas cotidianas y, por lo tanto, merecedores de rechazo y apartamiento. Se tiende a crear distancia entre los otros y uno mismo, sin darse cuenta de que así nos distanciamos del Señor Jesús, quien no solo no los rechaza sino que los llama a sí y los consuela. En este caso, qué apropiadas se nos muestran las palabras del profeta sobre el estilo de vida del creyente: «Soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo» (Is 58,6-7). Este modo de obrar permite que el pecado sea perdonado (cf. 1P 4,8), que la justicia recorra su camino y que, cuando seamos nosotros los que gritemos al Señor, entonces él nos responderá y dirá: ¡Aquí estoy! (cf. Is 58, 9).

Los pobres son los primeros capacitados para reconocer la presencia de Dios y dar testimonio de su proximidad en sus vidas. Dios permanece fiel a su promesa, e incluso en la oscuridad de la noche no deja que falte el calor de su amor y de su consolación. Sin embargo, para superar la opresiva condición de pobreza es necesario que ellos perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta de su corazón y de su vida, los hacen sentir familiares y amigos. Solo de esta manera podremos «reconocer la fuerza salvífica de sus vidas» y «ponerlos en el centro del camino de la Iglesia» (Exhort. apost. Evangelii gaudium, 198).

En esta Jornada Mundial estamos invitados a concretar las palabras del salmo: «Los pobres comerán hasta saciarse» (Sal 22,27). Sabemos que tenía lugar el banquete en el templo de Jerusalén después del rito del sacrificio. Esta ha sido una experiencia que ha enriquecido en muchas Diócesis la celebración de la primera Jornada Mundial de los Pobres del año pasado. Muchos encontraron el calor de una casa, la alegría de una comida festiva y la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de manera sencilla y fraterna. Quisiera que también este año, y en el futuro, esta Jornada se celebrara bajo el signo de la alegría de redescubrir el valor de estar juntos. Orar juntos en comunidad y compartir la comida en el domingo. Una experiencia que nos devuelve a la primera comunidad cristiana, que el evangelista Lucas describe en toda su originalidad y sencillez: «Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. [....] Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común; vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2,42.44-45).

Son innumerables las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana como signo de cercanía y de alivio a tantas formas de pobreza que están ante nuestros ojos. A menudo, la colaboración con otras iniciativas, que no están motivadas por la fe sino por la solidaridad humana, nos permite brindar una ayuda que solos no podríamos realizar. Reconocer que, en el inmenso mundo de la pobreza, nuestra intervención es también limitada, débil e insuficiente, nos lleva a tender la mano a los demás, de modo que la colaboración mutua pueda lograr su objetivo con más eficacia. Nos mueve la fe y el imperativo de la caridad, aunque sabemos reconocer otras formas de ayuda y de solidaridad que, en parte, se fijan los mismos objetivos; pero no descuidemos lo que nos es propio, a saber, llevar a todos hacia Dios y hacia la santidad. Una respuesta adecuada y plenamente evangélica que podemos dar es el diálogo entre las diversas experiencias y la humildad en el prestar nuestra colaboración sin ningún tipo de protagonismo.

En relación con los pobres, no se trata de jugar a ver quién tiene el primado en el intervenir, sino que con humildad podamos reconocer que el Espíritu suscita gestos que son un signo de la respuesta y de la cercanía de Dios. Cuando encontramos el modo de acercarnos a los pobres, sabemos que el primado le corresponde a él, que ha abierto nuestros ojos y nuestro corazón a la conversión. Lo que necesitan los pobres no es protagonismo, sino ese amor que sabe ocultarse y olvidar el bien realizado. Los verdaderos protagonistas son el Señor y los pobres. Quien se pone al servicio es instrumento en las manos de Dios para que se reconozca su presencia y su salvación. Lo recuerda san Pablo escribiendo a los cristianos de Corinto, que competían ente ellos por los carismas, en busca de los más prestigiosos: «El ojo no puede decir a la mano: “No te necesito”; y la cabeza no puede decir a los pies: “No os necesito”» (1 Co 12,21). El Apóstol hace una consideración importante al observar que los miembros que parecen más débiles son los más necesarios (cf. v. 22); y que «los que nos parecen más despreciables los rodeamos de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los más decorosos no lo necesitan» (vv. 23-24). Pablo, al mismo tiempo que ofrece una enseñanza fundamental sobre los carismas, también educa a la comunidad a tener una actitud evangélica con respecto a los miembros más débiles y necesitados. Los discípulos de Cristo, lejos de albergar sentimientos de desprecio o de pietismo hacia ellos, están más bien llamados a honrarlos, a darles precedencia, convencidos de que son una presencia real de Jesús entre nosotros. «Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25,40).

Aquí se comprende la gran distancia que hay entre nuestro modo de vivir y el del mundo, el cual elogia, sigue e imita a quienes tienen poder y riqueza, mientras margina a los pobres, considerándolos un desecho y una vergüenza. Las palabras del Apóstol son una invitación a darle plenitud evangélica a la solidaridad con los miembros más débiles y menos capaces del cuerpo de Cristo: «Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es honrado, todos se alegran con él» (1 Co 12,26). Siguiendo esta misma línea, así nos exhorta en la Carta a los Romanos: «Alegraos con los que están alegres; llorad con los que lloran. Tened la misma consideración y trato unos con otros, sin pretensiones de grandeza, sino poniéndoos al nivel de la gente humilde» (12,15-16). Esta es la vocación del discípulo de Cristo; el ideal al que aspirar con constancia es asimilar cada vez más en nosotros los «sentimientos de Cristo Jesús» (Flp 2,5).

Una palabra de esperanza se convierte en el epílogo natural al que conduce la fe. Con frecuencia, son precisamente los pobres los que ponen en crisis nuestra indiferencia, fruto de una visión de la vida excesivamente inmanente y atada al presente. El grito del pobre es también un grito de esperanza con el que manifiesta la certeza de que será liberado. La esperanza fundada en el amor de Dios, que no abandona a quien confía en él (cf. Rm 8,31-39). Así escribía santa Teresa de Ávila en su Camino de perfección: «La pobreza es un bien que encierra todos los bienes del mundo. Es un señorío grande. Es señorear todos los bienes del mundo a quien no le importan nada» (2,5). En la medida en que sepamos discernir el verdadero bien, nos volveremos ricos ante Dios y sabios ante nosotros mismos y ante los demás. Así es: en la medida en que se logra dar a la riqueza su sentido justo y verdadero, crecemos en humanidad y nos hacemos capaces de compartir.

Invito a los hermanos obispos, a los sacerdotes y en particular a los diáconos, a quienes se les impuso las manos para el servicio de los pobres (cf. Hch 6,1-7), junto con las personas consagradas y con tantos laicos y laicas que en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, hacen tangible la respuesta de la Iglesia al grito de los pobres, a que vivan esta Jornada Mundial como un momento privilegiado de nueva evangelización. Los pobres nos evangelizan, ayudándonos a descubrir cada día la belleza del Evangelio. No echemos en saco roto esta oportunidad de gracia. Sintámonos todos, en este día, deudores con ellos, para que tendiendo recíprocamente las manos unos a otros, se realice el encuentro salvífico que sostiene la fe, vuelve operosa la caridad y permite que la esperanza prosiga segura en su camino hacia el Señor que llega.
Vaticano, 13 de junio de 2018

lunes, 19 de noviembre de 2018

ARTÍCULO DE OPINIÓN DE NUESTRA DELEGADA EN LA WEB DEL OBISPADO DE SIGÜENZA GUADALAJRA





La imagen de la Virgen del Quinche en la Parroquia de San Pascual Bailón de Guadalajara, España.



Su cariño por la Pequeñita no entiende de fronteras

Por Leticia Gutiérrez
(Delegación de Migraciones)

Queridas hermanas y hermanos interesados de esta sección, les invito a conocer algo más de la comunidad ecuatoriana. Le he pedido a Luís A. Manguay Morales, presidente de la Asociación  de Ecuatorianos establecidos en nuestra Diócesis de Sigüenza-Guadalajara, que nos comparta una breve reseña  sobre la devoción a la Virgen del Quinche o como  tiernamente le llaman, la Pequeñita.

Virgen del Quinche
“Nuestra Señora de la Presentación del Quinche[1], es una advocación mariana de la iglesia católica, cuya imagen se encuentra en el santuario de la parroquia del Quinche, en el distrito metropolitano de Quito, Ecuador.

Historia:

La imagen de Nuestra Señora de la Presentación del Quinche es una hermosa escultura en madera, tallada en el siglo XVI por don Diego de Robles, extraordinario artista de la escuela quiteña de arte, al que se deben otras imágenes de María de gran popularidad y veneración.

La historia nos dice que, medio siglo después de iniciada la conquista en tierras ecuatorianas, los indígenas de Lumbisi, un pequeño caserío que pertenecía al pueblo de Cumbayá, desearon tener una copia exacta de la virgen de Guápulo, la cual se veneraba alrededor de 1586. Diego de Robles entonces hizo la imagen con madera de cedro, pero los Lumbisi no pudieron pagarle el precio convenido, al no reunirlo,  éste la llevó a los indígenas oyacachis. Al enterarse que estos se interesaban en una imagen, quienes le pagaron con tablones de fino cedro que el escultor necesitaba para sus trabajos. Escogieron la hendidura de un peñasco de la cordillera y allí fue colocada la Virgen. Aquél nicho fue el primer Santuario que tuvo la Virgen del Quinche.

Pronto la Virgen de Oyacachi llegó a ser famosa en toda la comarca, numerosas romerías de pueblos vecinos comenzaron a frecuentar el sitio, antes desconocido. Por este motivo, los indígenas se vieron en la necesidad de construir una capilla o una pequeña iglesia para colocar la imagen de la Virgen.

Quince años permaneció la imagen al cuidado de los indígenas hasta que en 1604, el obispo del lugar, ordenó su traslado al poblado del Quinche de donde finalmente tomó su nombre.

En 1630 la sagrada imagen fue colocada en un nuevo santuario donde permaneció sin contratiempo 200 años. Con el terremoto de 1869 el templo quedó en terribles condiciones, pero quedó en perfecto estado la imagen de la Virgen. El templo fue nuevamente reconstruido.

La última construcción del templo se remonta al año 1905 y su consagración al año 1928, donde  permaneció siempre la imagen. La Virgen fue coronada canónicamente en 1943 y su fiesta se celebra el 21 de noviembre. En 1985, Roma declaró al Quinche, Santuario Nacional de Ecuador.

La virgen tiene miles de fieles en todo el país y alrededor del mundo, quienes la definen como su madre y aún en el exterior, los migrantes ecuatorianos continúan celebrando su fiesta”.

Cómo vivimos ésta devoción en nuestra Diócesis de Sigüenza-Guadalajara

Su devoción es tan grande que no entiende de fronteras. Es por ello que los ecuatorianos residentes en Guadalajara, deseábamos tener una imagen de la Virgen. Era un sueño que parecía no se haría realidad. Con la colaboración de sus fieles, primero tuvimos un cuadro de la Virgen, pero no era suficiente, queríamos la imagen de la Pequeñita, como la llamaban cariñosamente los indígenas. En la actualidad los ecuatorianos contamos con una imagen que se encuentra en la parroquia de San Pascual Bailón, en Guadalajara.  Gracias a la colaboración de sus feligreses y su infinita devoción, han hecho posible traer una imagen directamente desde Ecuador. La imagen ha sido acogida  por Don Pedro Mozo Martínez,   párroco de esta iglesia quien nos abrió sus puertas para tener un lugar donde venerarla con cánticos y rezos.

Hacemos la cordial invitación a todo aquél que quiera conocerla e implorar su amor y ternura materna para que la visite.

Nos agradaría también, contar con su presencia el día 17 de noviembre a las 19 horas en dicha iglesia para juntos celebrar la misa en honor a la Santísima Virgen del Quinche.

Luís A. Manguay Morales.


Enlace a la web del obispado:

https://www.siguenza-guadalajara.org/index.php/diocesis/articulos-de-opinion/3045-su-carino-por-la-pequenita-no-entiende-de-fronteras

LA REALIDAD DE LA ESCLAVITUD INFANTIL POR EHSAN ULLAH KHAN










Ehsan Ullah Khan, activista pakistaní que lleva 50 años luchando contra la explotación laboral de adultos y menores en países empobrecidos. "

En España se venden por todas partes productos hechos por niños esclavos". Ullah responsabiliza a las empresas del sector textil de parte de estos abusos: "¿Cómo pueden decir las grandes multinacionales que no saben que hay niños trabajando, si pueden saber hasta que está mal puesto un botón?"

El activista participó en la liberación de Iqbal Masih, un niño esclavo pakistaní que se convirtió, tras su asesinato en 1995, en un icono mundial contra la explotación.

















Recogemos la conferencia de  Ehsan Ullah Khan sobre la Esclavitud Infantil por Ehsan Ullah Khan en la sede de Guadalajara de la Facultad de Educación dependiente de la Universidad de Alcalá de Henares. 

Ataviado con su característica túnica blanca, Ehsan Ullah Khan recorre una de las principales calles comerciales. Se pasa las horas observando la ropa en las tiendas, mirando con detenimiento los precios en sus etiquetas, los 'Made in'. Denunciar lo que a veces hay detrás de esos trozos de cartón es parte de la lucha que desde hace medio siglo lleva a sus espaldas: que no haya, en ninguna parte, ninguna persona trabajando en condiciones de esclavitud.  

A sus 70 años, este activista y periodista de origen pakistaní sigue tan firme en su convencimiento como el día en que empezó. Lo demuestran su serenidad y su contundencia al hablar. La misma por la que ha recibido amenazas y por la que ha sido encarcelado en varias ocasiones. Hoy vive exiliado en Suecia. 

Ullah ha visitado España para presentar la plataforma Dignitex, formada por varias asociaciones internacionales que luchan contra la explotación en la cadena textil. Entre ellas está Frente Global de Liberación del Trabajo Forzado, fundado en 1988 por el activista. Pero el primer paso lo dio 20 años antes, cuando puso en marcha una organización para ayudar a los trabajadores de las fábricas de ladrillos, uno de los focos de trabajo esclavo en Pakistán.

Otro era la industria de las alfombras. A uno de sus telares llevaba años encadenado el pequeño Iqbal Masih cuando logró escapar de la esclavitud gracias a la ayuda de Ullah. Su asesinato en 1995 lo convirtió en un símbolo mundial contra la explotación infantil. Tenía 12 años. Hoy, 246 millones de niños y niñas como Iqbal siguen siendo víctimas del trabajo infantil, según Unicef.

¿Qué le trae a España?

La sociedad española está olvidando el mensaje de Jesús de que los niños deben ser amados. Actualmente, en el mercado español, por todas partes, hay productos hechos por niños esclavos. Se venden en las calles, en las tiendas... particularmente en las grandes tiendas de ropa.

Esto viola las leyes internacionales. Intento que la sociedad, así como las multinacionales, se replanteen el mensaje de Jesús. El Papa Francisco ha repetido también que los niños deberían ser liberados de todo tipo de explotación. Yo quiero que esto se haga realidad. 

Lo ha mencionado. ¿Cuál es la responsabilidad de las empresas europeas y españolas en esta explotación que usted denuncia?

La industria textil, la segunda más potente del mundo detrás de la de las armas, está muy implicada en la esclavitud. Se van a producir una camiseta a un país empobrecido donde la situación económica y la de los niños es peor. Muchos de estos países se han visto afectados por la guerra.

Las grandes compañías como Mango o Inditex quieren producir una prenda de ropa. En un sitio compran el algodón, como Egipto, Etiopía o Pakistán. Van a teñir ese algodón a otro país. Lo hilan en otro, como India. En otro lugar se elabora la prenda. Y luego van a China. Es un sistema muy organizado, controlado por empresas que explotan a muchas personas, sobre todo mujeres y niños, en enormes partes del mundo.

Se produce un enorme abismo entre los países que compran y los que producen. A veces, para fabricar una prenda no se gastan más de 5 o 10 euros, y pueden venderla por más de 100 euros. Esto pone en peligro la paz en el mundo. Por eso viajo. No tengo una manía especial contra ninguna multinacional en concreto. No es un problema de que a mí me gusten o no, solo sigo unos principios. 

Las compañías suelen atribuir estos abusos a los proveedores locales con los que trabajan.

A veces, esta es una propaganda maliciosa de las multinacionales. Intentan confundirnos con este tipo de mensajes. Si un productor en China comete un pequeño error cosiendo un trozo del bolsillo de una camisa, o pone un botón más arriba de la cuenta, ya no quieren que produzcan sus prendas.

Hoy todo se puede controlar por Internet. Están vigilando el proceso desde América, desde España, desde donde sea. La gente está sentada en sus oficinas con sus móviles y si quieren, pueden perfectamente controlar esto. ¿Cómo pueden decir que no saben que hay niños trabajando, si pueden saber hasta que está mal puesto un botón?

Tenemos que cambiar el sistema. Se está pagando nada, o menos de un dólar, a niños esclavos. Dos dólares a las mujeres jóvenes. Esto es esclavitud también. Si se empiezan a pagar cinco dólares, las cosas serán mejor. El consumidor no lo va a notar. Si compran una prenda de ropa, en vez de 30 euros puedes pagar 34. El beneficio de estas empresas es muy grande.






A menudo se defiende que estos niños se ven empujados a trabajar porque son un sustento para sus familias.

Muchas veces, cuando los niños están trabajando, los adultos están en el paro o están siendo muy mal pagados. Si los niños van a la escuela, los adultos tendrán que ir a producir a las fábricas. A veces dicen que si estos niños no trabajan, sus padres morirán. También es propaganda.

Ellos [las empresas] dicen que, en general, los niños están en el mercado local, y que hay un pequeñísimo porcentaje que trabaja para grandes multinacionales. Esto no es verdad. Cuando una multinacional va a estos países marca un modelo de producción basado en la explotación. Los políticos se corrompen en la relación con estas grandes multinacionales y empieza todo un sistema que contagia a las industrias locales.

En los noventa empezamos una campaña contra la esclavitud en la producción de alfombras. Decían lo mismo: "Los niños tienen que trabajar ahí porque tienen unos deditos muy pequeños que son perfectos para tejer". No era verdad. Introdujimos una marca libre de trabajo esclavo y ahora trabajan los adultos. Sigue habiendo problemas, pero un 40% está libre de explotación infantil. Son propagandas, todo. Como cuando decían que los negros tenían que ser esclavos porque no sabían hacer otra cosa. Siempre hay una justificación para la esclavitud. 

También hay quienes sostienen que las condiciones laborales tienen que ver con el propio nivel de vida de los países productores.

Cuando hablamos de los derechos de los trabajadores, hay convenciones internacionales por las que nos podemos guiar. Existen, pero no las siguen. Después del asesinato de Iqbal, introdujeron el sistema de responsabilidad social de las empresas. En los libros está muy bien: proteger el medio ambiente, los derechos de los trabajadores, mínimos salariales… Pero no lo respetan.

Se traen auditorías, que muchas veces están hechas desde los deseos de la multinacional: escogen al auditor, les pagan, incluso diseñan las preguntas. Van, hacen el informe, destacan dos o tres defectos que hay que cambiar, y ya está. Apple, por ejemplo, empieza la explotación desde Congo, donde extraen el oro y el coltán. Desde allí lo llevan a China, a Foxconn, su proveedor. Allí, en el pasado, varias mujeres se suicidaron porque no soportaban las condiciones. Los informes que encarga Apple no dicen nada de esto, solo mencionan un par de problemas. Eso es hacer trampa. 

¿Qué pueden hacer los Gobiernos? El Parlamento europeo pidió hace un año  adoptar una legislación que obligase a las empresas del sector textil a controlar el respeto de los derechos humanos en toda su cadena de producción, pero  aún no se ha movido ficha. 

Es una declaración muy interesante pero se debe llevar a cabo. Los productos hechos por esclavos deberían ser como las drogas. No se deberían importar, no debería permitirse venderlo. Nadie debería comprar eso, debería ser ilegal. Si compro una droga ilegal, cuando lo paso en la frontera me van a detener. Y si se lo vendo a alguien, también va a ser arrestado. Es muy fácil. 

A los manteros, en España, no se les permite vender. ¿Por qué la ley persigue a quienes no tienen permiso para vender pero no persigue estas ventas de productos hechos por esclavos? La ley debería ser igual para todos. Los europeos deberían presionar los Gobiernos para que investiguen en serio, no solo donde se produce, sino el sistema en cadena de explotación. Deberíamos exigirles que certifiquen que sus prendas están libres de esclavitud. Esto sería un paso.

Usted ha participado en la liberación de miles de adultos y niños esclavos, entre ellos Iqbal Masih. ¿Qué recuerdo tiene de él?

Deberíamos mostrar nuestro enorme respeto a Iqbal. Cuando fue asesinado, el 16 de abril de 1995, su voz contra la esclavitud se expandió mundialmente en pocas horas. Fue tan fuerte que continúa. La Universidad de Salamanca, por ejemplo, dedica el 16 abril al Día libre de esclavitud. Otras como Burgos, o Alicante, se han comprometido. 

Iqbal era un niño hermoso, muy agradable. Le conocí durante un mitin en 1992. Vi a un niño sentado, escondido. Por mi experiencia, intuí que quería decir algo, pero no se atrevía. Le senté junto a mí, hablé con él. Al rato, me contó su situación. Al principio no se atrevía, pero terminó contándoselo a otros niños.

Para mí, el camino para la liberación es que la víctima se levante y se vuelva más poderosa. Tu cuerpo puede ser libre, pero no tu mente. La víctima tiene que poder ponerse en pie y esto tiene que ver con la educación. Los países, el mundo en general debería fabricar más bolígrafos que armas.

Ahora que vengo tanto a España, mi deseo es que la gente, los estudiantes jóvenes, los consumidores, entiendan que estamos colaborando a la esclavitud, que nosotros mismos somos esclavos cuando compramos cosas hechas por esclavos. Cuanto más compras, más apoyas la máquina de la esclavitud. Tenemos que pararlo.

Su activismo le ha costado varias amenazas, la cárcel y un exilio. ¿Cuál es su situación ahora?

Desde que empecé, adopté dos principios: nunca seré violento en mi lucha y no quiero venganza. Si alguien intenta matarme o hacerme daño, no voy a darle importancia. No quiero reconocimientos. Eso no me importa. He sido amenazado en Suecia varias veces por teléfono. Incluso el jefe de una gran multinacional me llamó.

He estado 12 veces en la cárcel. Me han hecho tortura eléctrica, con agua… Esto es parte del juego. Soy musulmán, pero suelo llevar un símbolo [saca un rosario blanco y lo sostiene en las manos]. Jesús fue crucificado por los derechos de otros. Esta lucha debe continuar.